31.5.06

Vietnam Norte: Hanoi, Sapa y Halong

Hanoi es una ciudad sorprendente. Sorprende el bullicio, la cantidad de motos, el aparente caos, la vida de sus calles, la cantidad de sitios turísticos, la cantidad de turistas, el ajetreo matutino de los vietnamitas haciendo deporte a primera hora... y a la vez sorprenden sus apacibles lagos, sus otras calles más tranquilas, sus zonas anchas y abiertas, sus barrios puramente vietnamitas, su limpieza (para ser Asia claro), sus calles agrupadas por gremios...

Nos alojamos en el barrio antiguo, en un modesto hostal cerca del lago. Dejamos las cosas, descansamos unos minutos la tralla que llevábamos encima y cambiamos el chip. Hasta entonces no habíamos parado ni un día entero en cada ciudad y como la logística nos había cuadrado perfectamente decidimos subir el pié del acelerador y dedicarle día y medio a la capital vietnamita.

El primer paseo por el barrio antiguo me cautivó. No era muy tarde pero como había llovido las calles estaban relativamente tranquilas. Todas las tiendas estaban agrupadas por gremios, las calles se dedicaban exclusivamente a un sector, a un tipo de producto y algunas de ellas, especialmente las dedicadas a juguetes o telas, mostraban llamativo colorido.

Hanoi tiene olor francés; notas que los gabachos han estado allí tiempo y han marcado estilo. La arquitectura de las casas, los barrios, el gusto por el buen café y las elegantes cafeterías, el pan, la bollería, la comida exquisita... así que esa noche nos dimos un pequeño capricho comiendo en un restaurante que mezclaba estupendamente platos de comida vietnamita con la comida francesa.

Después de cenar hicimos alguna compra y flipamos con los carteles de propaganda comunista de una tienda de antigüedades, si bien actualmente en Vietnam todavía se ve bastante propaganda roja. Buscamos algún garito animado pero lamentablemente llevábamos pintas guiris (pantalones cortos, sandalias, bolsas con compras...) y no nos dejaron entrar en la discoteca de moda. Volvimos al hotel y como no quería irme de Hanoi sin conocer la noche me cambié de ropa y de nuevo para la discoteca, esta vez yo solo. Allí hice algún colega europeo y eché buenos bailes con las vietnamitas modernillas de Hanoi. De nuevo casi todo vietquais.

Día 6.
Paseamos por las zonas más turísticas de Hanoi. El mausoleo de Ho Chi Minh, que encontramos cerrado, y su museo que trata principalmente de la vida del tio Ho y su movimiento para liberar Vietnam de los franceses.







También nos dio tiempo a saborear la Bia Hoi con los pedáneos...




antes de coger el tren nocturno que nos llevaría al extremo noroccidental de Vietnam. Fue curiosísimo que en el tren teníamos el mismo compartimento que una pareja española y en el mismo vagón había otra pareja de recién casados. Los primeros españoles que veíamos en todo el viaje.

Día 7.
Llegamos a Sapa al amanecer. Sapa es una pequeña ciudad que sirve de puerta de entrada a las montañas del Noroeste de Vietnam donde desde hace mucho tiempo viven etnias exclusivas de esta zona del mundo.

Comenzamos un trecking por las laderas del Fansipán, el techo de Indochina, que nos dejaría imágenes imborrables. Hice cientos de fotos, la belleza de los paisajes lo exigía, mirara donde mirara era digno de fotografía.







Y por la tarde llegamos a un pueblo donde cenamos y dormimos en casa de una familia encantadora.

Día 8.
Más paseo entre montañas, más etnias, más paisajes preciosos y más fotos. Y por la tarde vuelta a Sapa, compras y hacer un par de llamadas a Soria donde, coincidiendo con el día de la madre, se celebraba el Catapán [*1].

Día 9.
Nos levantamos tarde ya que no teníamos un plan definido. Si bien queríamos ver los alrededores de Sapa no sabíamos muy bien donde ir. Decidimos ir hasta el Trompass desde donde se divisan increíbles vistas tanto del Fansipan (bueno, de su valle, porque la montaña estuvo cubierta todo el día) como de la cadena montañosa que separa Vietnam de China. Tan cerca, al otro lado de esos picos, está la potencia que durante tantos años ocupó Vietnam.



Desde aquel mirador Kun Chacs se volvió con su motero a Sapa pero yo había alquilado mi moto para todo el día y no quería desaprovecharlo. Así que seguí la juguetona carretera y comencé a tumbar la moto en las curvas, a disfrutar a tope de la carretera. Me lo pasé en grande.





Y esa noche vuelta a Hanoi en otro tren-cama donde dormí del tirón.

Día 10.
Nos despertamos ya en Hanoi. No sabemos cuanto tiempo había pasado desde que habíamos llegado pero salimos del tren los últimos, con el motor y luces apagados. Se notaba el cansancio acumulado del viaje... pero todavía nos quedaba el último tirón: en un par de horas nos juntamos con Pablo y Ander, compañeros de la oficina, para hacer una excursión por la bahía de Halong.

Primero tres horas de autobús hasta la costa y luego cogimos un barquito en el que íbamos a pasar la noche.

(no era exactamente éste, pero se parecía)

La Bahía de Halong está llena de islotes rocosos, unos tres mil promontorios que dibujan un horizonte único. Si bien en otros sitios como Krabi o Phan-nga (ambos en Tailandia) encuentras paisajes similares aquí el área a visitar es enorme.






Pasamos casi toda la tarde en cubierta, tomando el sol, el aire y flipando con el paisaje. También fuimos a ver algunas cuevas y a un embarcadero de piraguas desde donde, a última hora de la tarde, salimos a remar dando la vuelta a uno de los islotes. Kun Chacs y yo nos perdimos; hubo un momento que estábamos solos rodeados de islotes pero sin nadie a la vista. La isla parecía pequeña así que decidimos seguir dándole la vuelta entera a la isla pero ésta no acababa nunca. Ni siquiera el sol te servía de orientación porque estaba atardeciendo y el cielo estaba nublado. Sólo teníamos acantilados rocosos altísimos a nuestro alrededor y que desorientaban porque todos se parecían. Para no agobiarnos cantamos canciones (curiosa mezcla de religiosas y punkies) hasta que llegamos a un palafito y un pescador nos dijo, o al menos eso entendimos, que por allí íbamos mal. Dar la vuelta y volver por donde habíamos ido no era muy acertado porque habíamos remado casi todo el rato con la corriente a favor y volver iba a llevar bastante rato. Sin embargo hicimos caso al pescador, dimos la vuelta y nos preparamos para cansarnos los brazos con la corriente en contra. Por fin llegamos a nuestro barco que estaba esperando a los españoles. No sólo a nosotros sino también a Pablo y Ander que habían volcado la piragua y la habían inundado sin poder achicar. ¡¡Qué calamidad!! Cuando el barco se puso en marcha vimos de nuevo el palafito que estaba muy cerca de donde nos esperaba el barco. A veces la comunicación por gestos no es muy entendible...

El ambiente en el barco era muy tranquilo. Estábamos unos diez guiris y la tripulación la formaban cuatro tais que enseguida se fueron a dormir. Algunos dormían en un banco duro del comedor. No había pasado nunca la noche en un barco pequeño pero la sensación fue muy apacible. Jugamos al poker hasta que nos entró sueño y como nuestro camarote estaba cerca de la sala de máquinas no dormí del todo bien.

Día 11.
Levantarte, salir del camarote y volver a flipar con el paisaje. Casi todo el viaje de vuelta a la costa estuve mirando al precioso horizonte y pensando... se me acababan las vacaciones y la estancia en Vietnam. Había sido un viaje tan chulo y tan variado que todavía esperaba algo más que me sorprendiera de nuevo en este país.
Volvimos a Hanoi y aprovechamos a hacer las últimas compras, camisetas, libros, zapatillas... y como tenía algo de tiempo antes de coger el avión decidí ver el teatro de marionetas acuáticas. De la historia no me enteré mucho porque se narraba en vietnamita pero los muñecos eran graciosos, la música tradicional en directo y la mayoría de escenas representan actividades rurales que había visto pocos días antes, así que me encantó.


En total han sido once días que han servido para cruzarnos Vietnam de Sur a Norte, desde Saigón (Ho Chi Minh City) hasta Hanoi, sin pasar por alto sitios tan atractivos como Sapa o Halong... los paisajes, la abundante vegetación, las montañas, las islas y sobre todo la gente, me quedo sobre todo con los vietnamitas.


Vietnam me ha gustado tanto que no descarto un futuro viaje (a saber cuándo) para ver las cosas que se han quedado en el tintero... más rutas por las Central Highland, el delta del Mekong, subida al Fansipan y mil rincones sin reseña que seguro me sorprenden.

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[*1].- Fiesta soriana introductoria a las Fiestas de San Juan

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4Comentarios:

@ 5/6/06 18:39 , Anonymous Anónimo dijo...

Olé como se estiran esos días de vacaciones en Thailandia!!! Menudos viajecitos tio, vaya envidia y encima conoces a gente que brinda contigo con cerveza... ya te queda poquito por ver

 
@ 5/6/06 19:15 , Anonymous Anónimo dijo...

Ayyy....Sorias...sorias...
Qué cafés vamos a tomar en Octubre, hablando de viajes pasados y viajes por venir. Entr otros, te voy a pedir una guía al detalle de Thailand :) que me querré pasar unas semanitas de mochila por ahí. Noviembre es buen més para viajar verdad? jejee
Abrazooooo

 
@ 5/6/06 21:14 , Blogger Banyuken.es dijo...

Veo que el sudeste asiatico es muchísimo más que la imagen que se traen de vuelta muchos españoles de pack turístico. Y veo que tú lo estás descubriendo. Y agradezco que nos lo muestres. Particularmente, me está entrando el gusanillo...

 
@ 6/6/06 14:46 , Anonymous Anónimo dijo...

Eso si que son vacaciones completas. Visita a megaurbes como Hanoi, las zonas montañosas, los valles con terrazas y el mar lleno de empinados islotes. ¡Hay que ver la de celos que tengo! XD

 

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